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	<title>Poesía archivos | Uërani</title>
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	<description>Fuimos fuego del cielo para luego convertirnos en semilla de maíz</description>
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	<title>Poesía archivos | Uërani</title>
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		<title>Las leyes que no conozco</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo López]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Sep 2026 19:39:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay cosas que vuelven sin que yo las llame, y contra eso no tengo ninguna defensa, ni siquiera una pequeña, ni siquiera una mentira que me alcance para una tarde...</p>
<p>El cargo <a href="https://uerani.com.mx/las-leyes-que-no-conozco/">Las leyes que no conozco</a> apareció primero en <a href="https://uerani.com.mx">Uërani</a>.</p>
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									<p>Hay cosas que vuelven sin que yo las llame, y contra eso no tengo ninguna defensa, ni siquiera una pequeña, ni siquiera una mentira que me alcance para una tarde entera. Una canción entra por la ventana y se me cierra la garganta. Una película que juraría no haber visto antes me deja el pulso arriba, como si acabara de correr hasta aquí. Una frase sale de mi boca, una frase que yo creía mía, y sólo después, con el sabor todavía en la lengua, descubro que llevaba años guardándola de ti, prestada, sin devolver. Basta un olor. Basta una manera de reír al fondo de un lugar. Basta una palabra dicha con cierto acento, y algo se me revuelve por dentro con la violencia exacta de aquel entonces.<br /><br />Digo &#8220;tú&#8221; y sé que miento un poco, porque no hay una sola historia detrás de ese pronombre. Hubo varias, a lo largo de los años, cada una con su propio paso, su propia manera de tomarme la mano, con su propio aliento. Pero algo en mí decidió, sin pedirme permiso, fundirlas en una sola figura, prestarle un rasgo de cada una hasta que ya no sé si te recuerdo a ti o a la suma de todo lo que aprendí a llamar tú. Me quedó la risa, esa risa que me hacía sentir capaz de cualquier cosa nada más con mirarte a los ojos y oírte decir que me querías. Me quedó la manera de mirar mi trabajo, cualquier trabajo, hasta volverlo importante sólo porque tú lo mirabas. Me quedó una paciencia que yo no sabía cómo recibir, que me dio cosas que ni siquiera sospechaba merecer. Me quedó una diferencia tan radical con todo lo que yo era que estar cerca tuyo me obligó a aprender a mirar de nuevo, como quien nace por segunda vez y todavía no sabe usar los ojos. Me quedó una admiración que me hizo querer ser alguien distinto. Me quedó una facilidad para explicarlo todo que yo envidiaba con una envidia que ahora, avergonzado, reconozco como una forma más del amor. No sé cuántas cosas caben en esta figura que sigo llamando tú, ni creo ya que eso importe.<br /><br />Porque cuando vuelves, vuelves entera, con una precisión que roza lo indecente. El olor de tu piel en una almohada que no es la tuya. La temperatura exacta de una mano sobre la mía en una noche de la que ya ni recuerdo el año. El volumen preciso de una voz diciendo mi nombre, como si todavía pudiera girar la cabeza y encontrarte ahí. Y con esa precisión vuelve también una certeza que me cuesta más sostener que cualquier nostalgia: yo estuve ahí. No lo imaginé. No lo soñé. Estuve.<br /><br />Porque no llegaste de golpe, como llega un accidente. Llegaste despacio, por la puerta de atrás de la vida cotidiana, hasta que un día me sorprendí comprando dos de algo en lugar de uno, dejando un cajón vacío para tus cosas antes de que tú supieras siquiera que ese cajón existía. Aprendí qué comida te gustaba sin que tuvieras que decírmelo dos veces. Aprendí qué te hacía reír y qué significaba tu silencio cuando el silencio no era descanso sino otra cosa, algo que había que aprender a leer despacio. Mi cuerpo aprendió a hacerle espacio al tuyo en una cama que antes me parecía suficientemente grande para uno solo. Aprendí a caminar a tu velocidad. A elegir una calle en lugar de otra porque a ti te gustaban los árboles de esa cuadra. A saber cuándo hablar y cuándo dejar que el silencio se quedara un rato más, sin que nadie lo rompiera antes de tiempo. Así se construye, sin que nadie lo planee, una casa sin paredes, hecha enteramente de costumbres, indistinguible ya de la piel de uno.<br /><br />Y hablábamos del futuro como si ya existiera. Dónde íbamos a vivir. A qué fiesta íbamos a ir juntos ese sábado. Qué íbamos a hacer en Navidad. Si algún día, quizá, habría hijos. Dónde pasaríamos las vacaciones del año siguiente. En qué se nos iría el próximo sueldo. Hablábamos de un tiempo que todavía no existía y lo sentíamos tan cerca que casi podíamos tocarlo con la mano, como quien toca una fruta antes de que madure y ya sabe, sólo por el peso, que va a estar dulce.<br /><br />Todavía hoy encuentro cosas donde no las espero, y cada vez es un pequeño desastre controlado. Una taza escondida hasta el fondo de la alacena, detrás de los platos que sí uso. Una fotografía que se resbala de entre las páginas de un libro que llevaba años sin abrir. Un recibo doblado tantas veces, guardado tanto tiempo en el mismo bolsillo, que terminó convertido en un papel diminuto, casi ilegible, casi nada, y sin embargo ahí sigue, negándose a desaparecer del todo.<br /><br />Ahora ya ni siquiera comprar una sola cosa me alcanza. Los cajones dejaron de estar vacíos esperando tus cosas: están llenos de recuerdos, de hubieras, de quizás, de una lista entera de condicionales que no llevan a ningún sitio. Ya no sé ni qué comida me gusta a mí mismo, porque nada me sabe a nada. Nada me hace reír. Es el silencio el que se ríe de mí ahora, con esa risa que sólo se aprende a fuerza de estar solo. Mi cuerpo sigue haciéndole espacio a un cuerpo que ya no llega: la cama que antes me parecía suficientemente grande para uno, ahora me resulta inmensa, un país entero que tengo que cruzar solo cada noche. Camino, y a cada paso me sorprendo girando la cabeza, buscando unos pasos que ya no vienen conmigo. No importa qué calle elija, si tiene árboles o no: lo que importaba nunca fueron los árboles, sino el sonido de alguien caminando a mi lado. Ahora hablo solo, en voz baja, esperando una respuesta que no llega, y que sé, aun mientras la espero, que no va a llegar. Y esa misma casa sin paredes que construimos sin darnos cuenta, hecha enteramente de costumbres, se volvió de pronto ajena, como si me hubieran desalojado de una casa cuyas paredes nunca existieron para empezar: vivo, ahora, a la intemperie de mis propias costumbres.</p>
<p>Y entonces vuelvo, siempre, a la misma pregunta, la que de verdad no me deja dormir. Cuando te dije &#8220;te quiero&#8221; quería decir te quiero, con la boca, con la sangre, sin ironía, sin ningún cálculo agazapado esperando el momento de desmentirme más tarde.<br />Cuando dije &#8220;te amo&#8221;, te amaba, y lo digo aquí bajo cualquier juramento que se me exija.<br />Y cuando dije &#8220;voy a estar siempre contigo&#8221;, en ese instante exacto existía para mí algo que se llamaba siempre, tan sólido como el suelo bajo el siguiente paso, tan real como el aire entrando y saliendo de mis pulmones mientras lo decía. Puedo aceptar, lo juro, no soy un necio, que las personas cambien, que una casa se venda, que dos vidas se separen hasta no dejar entre ellas nada visible desde afuera. Lo que no consigo tragarme, lo que se me queda atorado cada vez que lo intento, es que algo haya sido verdadero con esa intensidad y después, sin ningún aviso, sin ningún trámite, se convierta en algo que ya no existe en ninguna parte del mundo.<br /><br />Porque la vida después de mí siguió, eso lo sé, y saberlo no me alivia en absoluto. Hubo otros muebles que yo no elegí. Otros vasos que se rompieron sin que yo estuviera ahí para barrer los pedazos. Otras llaves, otros cumpleaños que alguien más celebró contigo al lado. Enfermedades que yo no cuidé. Domingos enteros de los que no sé nada. Costumbres nuevas que se formaron sin mí, con la misma paciencia con que se formaron las que tuvimos juntos. Y hay alguien, en algún lugar, que sabe ahora lo que antes sabía yo: qué comida te gusta, qué canción te hace cantar, cómo duermes, qué palabra usas cuando estás cansada de fingir que no lo estás. Hay alguien que reconoce tus silencios. Y confieso que imaginarlo me revuelve algo por dentro que no tiene nombre decente, algo más cerca del estómago que del corazón.<br /><br />Pero no puedo acusar a nadie sin acusarme primero, y eso es lo que más rabia me da. Porque yo también llegué después de alguien. Yo también aprendí otro cuerpo, otro horario, otra forma de dormir, otras voces, otros silencios que no eran los tuyos y que aun así aprendí a leer. Yo también hice promesas que en su momento eran completamente ciertas. La vida no lleva cuentas. Simplemente continúa, indiferente, como el agua que sigue corriendo aunque uno meta la mano y trate de detenerla con los dedos abiertos.<br /><br />Y el mundo tampoco guardó el lugar donde te dejé. No conservó la habitación intacta, con los muebles exactamente donde estaban la última vez que la vi. La gente mueve las cosas. Compra otros vasos. Pierde unas llaves y encuentra otras. Cambia de casa. Cumple años. Se enferma y se recupera. Celebra. Hace nuevas amistades. Se enamora otra vez, con la misma inocencia con que se enamoró la primera. Continúa. Y quizá eso sea, de todo esto, lo más insoportable: que para mí algo sigue existiendo con una precisión casi obscena, mientras que para el mundo, para ti, aquello puede haberse convertido hace mucho en algo completamente terminado.<br />A veces, de madrugada, me asalta una duda todavía peor. Quizá estoy reconstruyendo una casa que nunca existió del todo como la recuerdo. Quizá la memoria, con los años, hizo lo que hace siempre con los materiales que le sobran: tomó pedazos sueltos, los acomodó donde le convenía, rellenó los huecos con algo parecido a la verdad y fabricó una historia capaz de sostener el peso de los años. Quizá exageré una mirada. Quizá inventé una frase que nunca dijiste. Quizá lo que yo recuerdo como absoluto no fue absoluto para ti, sino apenas una tarde cualquiera que se te olvidó antes de que yo empezara a fabricar con ella un altar.<br /><br />¿Cómo saberlo, a estas alturas? No lo sé. Pero hay algo que me niego a soltar, y es la precisión. Un sueño no debería tener esta precisión. Una mentira, mucho menos. Uno se equivoca sobre una fecha, sobre quién dijo primero una cosa, sobre lo que ocurrió exactamente aquella tarde de lluvia. Pero hay recuerdos, el olor, la voz, una mano, la manera exacta de decir mi nombre, cuya exactitud no sé de dónde saco, y que ninguna teoría sobre la fragilidad de la memoria ha conseguido, hasta ahora, disolver del todo.<br />Durante años sólo tuve las leyes que me enseñaron en la escuela para intentar explicarme esto: la materia cambia de forma, la energía cambia de forma, nada debería desvanecerse sin dejar alguna consecuencia medible. Pregunté, a mi manera torpe, por la conservación del amor, y esas leyes, honestamente, nunca supieron qué contestarme. Me dejaron ahí, con la pregunta entera en las manos.<br /><br />Después empecé a leer otra cosa, y ahí encontré una idea capaz de asustarme en serio, de quitarme el sueño de una manera distinta a como me lo quitaba la nostalgia.</p>
<p>Everett propuso que un sistema cuántico, al ser medido, no colapsa en un único resultado: el universo entero se ramifica, y cada posibilidad sigue ocurriendo, real, en una rama que deja simplemente de comunicarse con las demás.<br />DeWitt y Graham le pusieron nombre a eso: muchos mundos.<br />Wallace habla de un multiverso que emerge de la física misma, sin necesidad de inventar nada extra, sin necesidad de fe.<br />Y si eso es cierto, entonces en alguna rama de ese universo ramificado, en un lugar con el que ya no puedo intercambiar ni una sola partícula de información, seguimos ahí.<br />No como metáfora. Como física.<br /><br />Wilson conecta esa idea con algo todavía más vertiginoso: el realismo modal de Lewis, la propuesta de que los mundos posibles no son ficciones cómodas para resolver problemas de lógica, sino lugares tan reales como éste, simplemente inalcanzables desde aquí. Si eso es cierto, existe un mundo en el que tomé otra decisión aquella noche de la que tanto me arrepiento. Un mundo en el que no me fui. Un mundo en el que tú tampoco te fuiste.<br />Y entonces la pregunta de Kripke y de Parfit deja de ser un ejercicio de salón: ¿en qué sentido ese otro yo, el que se quedó, el que sigue ahí contigo, sigue siendo yo? ¿En qué sentido soy yo, precisamente yo, quien está aquí escribiendo esto de madrugada, con las manos un poco temblorosas, y no el que sigue allá, todavía con tu mano entre las suyas?<br /><br />Zurek explicaría, con toda la frialdad de su fórmula, por qué no puedo verlo: la decoherencia no borra la otra rama, sólo la vuelve inaccesible, la desconecta de mí lo suficiente como para que yo experimente esta versión, la que duele, la que estoy escribiendo ahora, como si fuera la única real.<br />Rovelli iría todavía más lejos: dice que la verdad de un hecho nunca es absoluta, que siempre es relativa a quien interactúa con él. Bajo esa lógica, lo que sentimos no dejó de ser verdad de un día para otro. Simplemente dejó de serlo en relación conmigo. Sigue siendo verdad, ahora mismo, en relación con la versión de nosotros que se quedó del otro lado de la ramificación que no elegí, que quizá ni siquiera elegí, que simplemente ocurrió, como ocurre una fractura en el hueso sin que uno recuerde bien el golpe.<br /><br />Y si ni siquiera eso me basta, todavía me queda la hipótesis más desesperada de todas, la que uso cuando ya ninguna otra funciona. Bostrom se pregunta si esto que llamamos realidad no será, en algún sentido, apenas una entre muchas simulaciones posibles, y Chalmers responde, con una calma que envidio, que eso no la haría menos real. Un mundo simulado sigue siendo un mundo para quien lo habita. Un amor conservado en algún sustrato que no comprendo, una rama cuántica, una copia, un registro que no sé nombrar, sigue siendo un amor, mientras alguna versión de él siga ejecutándose en alguna parte que no puedo tocar.<br /><br />Confieso, además, por qué terminé aquí, hablando de física a estas horas de la noche. Estos mismos recuerdos me empujaron a leer sobre el amor, sobre la felicidad, sobre la pérdida, y cada página me devolvía a ti con una puntería insoportable. Pensé, tontamente, que cambiar de tema, buscar algo tangible, algo tan ajeno y tan complejo como la física, podría hacerme olvidar esta sensación durante un rato. Ya sabía que la música triste no funciona: uno la pone creyendo que lo va a acompañar y sólo consigue hundirse un poco más, con compañía. Sabía también que no funciona buscar más amor, más esperanza, en las páginas donde se supone que eso es lo único que hay: cada promesa ajena termina, sin que uno lo pida, convertida en un espejo. Así que fui a otra parte. Pensé que la ciencia, que no necesita fe ni esperanza, que sólo pide evidencia, razón, lógica, me iba a mostrar un paisaje completamente distinto, uno que no me sometiera otra vez a esta cosa tan ilógica, tan desmedida, tan poco razonable que es el amor. Y sin embargo aquí estoy, encontré teorías, hipótesis, ecuaciones enteras, y todas, de una manera u otra, terminaron hablando exactamente de lo mismo que llevo toda la noche pensando. De lo que pudo ser. Sólo que ahora, en vez de nostalgia, tengo una nostalgia con aparato matemático: una versión factible, casi demostrable, de lo que pudo ser.<br /><br />Sé que esto suena a la fiebre de alguien que busca consuelo donde probablemente no lo hay. Puede ser. No tengo cómo defenderme de esa acusación, y a estas horas de la noche, para ser sincero, tampoco tengo muchas ganas de intentarlo.<br /><br />No sé dónde termina una promesa cuando termina la vida que la sostenía. Sé, en cambio, que sigues volviendo cada vez que una canción, una película, un olor, deciden que es hora de recordarme que algo, en alguna parte, todavía duele lo suficiente como para ser verdad.<br /><br />Y si de verdad la verdad es relativa a quien interactúa con ella, como dice Rovelli, entonces no soy el único que la sostiene. En algún lugar de esta misma realidad, no en una rama inalcanzable, sino aquí, en este mismo tiempo, alguien más carga con la misma pregunta, con los mismos hubieras, con la misma rama que no se tomó. Eso no cambia nada. No me devuelve nada. Pero por primera vez, en mitad de todo esto, me consuela saber que no soy el único que todavía se atormenta con lo que pudo ser.<br /><br />Quizá no regreso a una persona. Quizá regresamos, cada uno por su lado, al mismo instante exacto en que el universo decidió por nosotros sin pedirnos permiso.<br /><br />Como si existieran leyes para todo, menos para esto. Como si, en alguna parte, todavía estuvieran esperando a que alguno de los dos, por fin, las encuentre.</p>								</div>
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		<p>El cargo <a href="https://uerani.com.mx/las-leyes-que-no-conozco/">Las leyes que no conozco</a> apareció primero en <a href="https://uerani.com.mx">Uërani</a>.</p>
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		<title>El sueño del comal</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo López]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Jan 2026 05:38:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph">Tengo un plan para esta noche: <br />repetiré el sueño de hace algunos días.<br /><br />Te hallaré allá,<br />en esa casa repleta de yerbas, <br />sol y retratos viejos. <br /><br />Más allá del patio recién barrido<br />donde algunas tercas hojas<br />insisten en bailar suavemente,<br />                                                      estarás tú.<br /><br />Ahí en la cocina,<br />junto al comal,<br />torteando la masa azul.<br /><br />A tu lado una olla de café<br />hará alboroto con su vaporcillo que se eleva.<br /><br />Entraré despacito,<br />silbando alguna de esas melodías que suenan<br />cada vez que te me acercas.<br /><br />Voy a sonreír harto,<br />esperando que tú hagas lo mismo,<br />que te contagies de ese gusto<br />que se siente tan mío.<br /><br />Te llevaré rebozo.<br />Fino, suave,<br />como tu cabello, como el cielo,<br />negro y añil.<br /><br />No será un regalo,<br />te lo voy a cobrar,<br />¡a un beso!,<br />es todo lo que vas a pagar.<br /><br />Ya me siento envuelto<br />en esa tela urdida<br />por manos cariñosas.<br /><br />Pero encontraré más cobijo<br />en la sombra de tus brazos.<br /><br />Y ahí, acurrucado,<br />me he de beber el café,<br />el humeante, el del barro,<br />y el más bello: el de tu piel. </p>

<p class="wp-block-paragraph"> </p>
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		<title>Hay un hueco en mi pecho</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo López]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Dec 2025 00:30:48 +0000</pubDate>
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<p>El cargo <a href="https://uerani.com.mx/hay-un-hueco-en-mi-pecho/">Hay un hueco en mi pecho</a> apareció primero en <a href="https://uerani.com.mx">Uërani</a>.</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Desde hace años camino en este terregal,<br />con la sensación de que mis pasos no dejan huella.<br />Que si un día dejo de andar,<br />el viento nomás barrería el polvo<br />y nadie sabría que hubo vida aquí.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Nunca fui el centro de nada.<br />En las fiestas me hacían espacio porque era cortesía,<br />no porque mi ausencia pesara.<br />Las conversaciones seguían sin mí<br />igual que el río sigue su corriente<br />cuando una piedra se hunde hasta el fondo.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Yo evitaba desde joven a arrimarme a la sombra ajena,<br />pero igual me acostumbré a escuchar más que hablar,<br />a sostener a los otros cuando titubeaban,<br />a ofrecer mi hombro como si ahí descansaran mejor<br />las penas que no eran mías.<br /><br />Y cuando ya no me necesitaban,<br />ni gracias decían.<br />Solo se iban, como quien deja una herramienta<br />que ya no sirve para el trabajo del día.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Me quedé tantas veces mirando la puerta cerrarse<br />que terminé creyendo que esa escena era mi retrato.<br />Los días pasaban sin que mi nombre fuera pronunciado<br />y el silencio se me volvió casa,<br />aunque siempre olió a abandono.</p>

<p class="wp-block-paragraph">A veces alguien me hablaba,<br />y yo, ingenuo como un niño que encuentra una luciérnaga,<br />creía que quizá esta vez sería distinto,<br />que alguien vería mi luz aunque fuera chiquita.<br />Pero la luciérnaga se apagaba pronto<br />y el cuarto volvía a ser un pozo donde solo resuena mi voz.</p>

<p class="wp-block-paragraph">La soledad es vieja compañera mía.<br />Se sienta a mi lado cada noche<br />como un perro que no entiende de órdenes<br />y me mira con esos ojos de hambre<br />que uno tiene que aceptar porque no hay remedio.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Duele, sí.<br />Duele ver que el mundo no se quiebra sin mí,<br />que los planes siguen, que las risas corren,<br />que todo funciona con la misma facilidad<br />con la que entra la luz por la ventana abierta.<br />Y yo acá, esperando que a alguien se le ocurra<br />que mi presencia también cuenta.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Pero sigo caminando.<br />Aunque el hueco en el pecho me arda.<br />Aunque el frío de diciembre se meta en mis huesos.<br />Aunque los años me hayan enseñado<br />que pertenecer no siempre es cosa de uno.<br />Sigo, porque algo dentro de mí,<br />pequeño y terco como una brasa escondida,<br />todavía imagina el día en que alguien verá mi fuego<br />y le dará cobijo en su propia noche.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, aquí estoy,<br />hablando con el viento,<br />nombrando lo que siento para no olvidarme de mí,<br />para no creer que soy nada.<br />Aquí estoy escribiendo tal vez para nadie.<br />Porque aunque el mundo no me note,<br />yo sí sé que existo,<br />y mi voz, aunque tiemble,<br />todavía busca un lugar donde pueda descansar.</p>
								</div>
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		<title>Rebozo III</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo López]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Nov 2025 06:02:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Y si eso somos?Hilos. Hilos del vientre de la tierra,    unos con sangre,        otros con barro,            otros con cielo. Nos vamos...</p>
<p>El cargo <a href="https://uerani.com.mx/rebozo-iii/">Rebozo III</a> apareció primero en <a href="https://uerani.com.mx">Uërani</a>.</p>
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									<p data-start="229" data-end="255">¿Y si eso somos?<br data-start="244" data-end="247" />Hilos.</p><p data-start="257" data-end="328">Hilos del vientre de la tierra,<br data-start="288" data-end="291" />    unos con sangre,<br />        otros con barro,<br data-start="307" data-end="310" />            otros con cielo.</p><p data-start="330" data-end="413">Nos vamos trenzando despacio,<br data-start="359" data-end="362" />como quien apenas aprende<br data-start="380" data-end="383" />a tejer un rebozo.</p><p data-start="415" data-end="476">Desde el ombligo empieza el telar,<br data-start="449" data-end="452" />y el aire mismo ayuda.</p><p data-start="594" data-end="674">Pasa el hilo<br />—izquierda, derecha—,<br data-start="628" data-end="631" />       se jala, se aprieta,<br data-start="651" data-end="654" />              se vuelve a pasar.</p><p data-start="676" data-end="782">Nadie ve el patrón todavía,<br data-start="703" data-end="706" />pero algo se va formando,<br data-start="731" data-end="734" />la vida no se teje sola<br />si no somos parte del telar. </p>								</div>
				</div>
					</div>
				</div>
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		<title>Solo un poco más</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo López]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Oct 2025 02:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por ahí, estoy seguro, en lo más hondo del P’urhépecherio,vive una mujer de la que pocos hablan,y los que lo hacen bajan la voz,porque pronunciar su nombre se siente casi...</p>
<p>El cargo <a href="https://uerani.com.mx/solo-un-poco-mas/">Solo un poco más</a> apareció primero en <a href="https://uerani.com.mx">Uërani</a>.</p>
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									<p data-start="433" data-end="630">Por ahí, estoy seguro, en lo más hondo del P’urhépecherio,<br data-start="477" data-end="480" />vive una mujer de la que pocos hablan,<br data-start="518" data-end="521" />y los que lo hacen bajan la voz,<br data-start="553" data-end="556" />porque pronunciar su nombre se siente casi como un pecado.</p><p data-start="632" data-end="865">Su casa está más allá del último camino,<br data-start="682" data-end="685" />ahí la tierra ya no tiene un nombre<br />y los árboles se inclinan al pasar uno,<br data-start="762" data-end="765" />porque saben que ya no se camina en tierra cualquiera.</p><p data-start="867" data-end="1196">Para llegar a ella hay que cruzar el bosque,<br data-start="911" data-end="914" />ese que huele a ocote y encino, a yerbabuena, árnica y manzanilla,<br />a resina fresca y a eternidad.<br data-start="950" data-end="953" />Hay que seguir el cauce del río por toda la cañada,<br data-start="981" data-end="984" />ver cómo el agua resplandece con la luz que se filtra entre las ramas,<br />y caminar todavía más,<br data-start="1062" data-end="1065" />hasta que la ciénega se abre como una herida verde,<br data-start="1116" data-end="1119" />y luego, donde el lago se tiende manso,<br data-start="1145" data-end="1148" />con su espejo roto por el vuelo de las garzas.</p><p data-start="1198" data-end="1341">Allá vive.<br data-start="1208" data-end="1211" />Y aunque nadie me lo contó con certeza,<br data-start="1250" data-end="1253" />yo la he soñado tantas veces que ya no sé si la inventé<br data-start="1308" data-end="1311" />o si simplemente la recordé.</p><p data-start="1343" data-end="1540">Tiene la piel morena,<br data-start="1364" data-end="1367" />esa morenez que guarda el calor del barro recién horneado.<br data-start="1425" data-end="1428" />Y cuando el sol se posa sobre ella,<br data-start="1463" data-end="1466" />su piel reluce con un brillo leve,<br data-start="1500" data-end="1503" />como si respirara luz desde dentro.</p><p data-start="1542" data-end="1766">Su cabello es oscuro y largo,<br data-start="1571" data-end="1574" />y cuando el viento sopla, se mueve como una sombra viva,<br />como si quisiera extenderse sobre los pasos que ha dado.<br data-start="1630" data-end="1633" />Hay noches en que juro que el cielo no es más que el reflejo de su pelo,<br data-start="1705" data-end="1708" />esparcido sobre el mundo para que no olvidemos la calma.</p><p data-start="1768" data-end="2077">Y no son solo sus rasgos —no, eso sería injusto—,<br data-start="1817" data-end="1820" />porque su hermosura no termina en el cuerpo.<br data-start="1864" data-end="1867" />Está en la manera en que camina,<br data-start="1899" data-end="1902" />en cómo parece escuchar lo que la tierra le dice al pasar.<br data-start="1960" data-end="1963" />Está en sus ojos,<br data-start="1980" data-end="1983" />color de tierra húmeda cuando la tarde cae,<br data-start="2026" data-end="2029" />donde uno puede perderse y no querer regresar.</p><p data-start="2079" data-end="2261">Tiene lunares en la piel que dibujan el cielo entero,<br data-start="2132" data-end="2135" />y cuando sonríe —esa sonrisa que no es de este tiempo—<br data-start="2189" data-end="2192" />parece que se abren todas las flores que habían olvidado su nombre.</p><p data-start="2263" data-end="2437">Hasta su carne, justa y medida,<br data-start="2294" data-end="2297" />parece haber sido colocada con cuidado,<br data-start="2336" data-end="2339" />como si el dios que la creó,<br />cansado de hacer estrellas<br data-start="2381" data-end="2384" />hubiera querido esculpir en ella su último milagro.</p><p data-start="2439" data-end="2750">Pero lo que de verdad me quiebra no es verla,<br data-start="2484" data-end="2487" />sino escucharla.<br data-start="2503" data-end="2506" />Porque sus palabras… oh, sus palabras,<br data-start="2544" data-end="2547" />salen de su boca con esa suavidad que solo tienen las cosas peligrosas.<br data-start="2618" data-end="2621" />Son como el humo del copal:<br data-start="2648" data-end="2651" />se alzan despacio, se enredan en el aire<br data-start="2691" data-end="2694" />y al final caen sobre uno, dejando su olor en el alma.</p><p data-start="2752" data-end="3003">Habla poco,<br data-start="2763" data-end="2766" />pero cada palabra suya parece venir de otro tiempo.<br data-start="2817" data-end="2820" />Hay días en que dice cosas simples —sobre el clima, las cosechas, el pan recién hecho—,<br data-start="2907" data-end="2910" />pero uno siente que está diciendo algo más,<br data-start="2953" data-end="2956" />algo que no cabe en el idioma de los hombres.</p><p data-start="3005" data-end="3202">Y pienso en ella sin remedio.<br data-start="3034" data-end="3037" />En sus manos que huelen a hoja tierna,<br data-start="3075" data-end="3078" />en sus piernas que conocen la forma de los caminos,<br data-start="3129" data-end="3132" />en su espalda que podría cargar el silencio del mundo sin quebrarse.</p><p data-start="3204" data-end="3437">Pienso en ella cuando el sol cae sobre las montañas,<br data-start="3256" data-end="3259" />cuando el río canta o cuando el fuego se apaga despacio, despacito.<br data-start="3315" data-end="3318" />Porque su presencia se mete en todo,<br data-start="3354" data-end="3357" />como la humedad en los muros viejos,<br />como la raíz entre las piedras,<br />como la luz en las mañanas quietas,<br data-start="3393" data-end="3396" />como la nostalgia en los que han amado.</p><p data-start="3439" data-end="3661">Tiene una rebeldía mansa,<br data-start="3464" data-end="3467" />esa que no se anuncia con gritos,<br data-start="3500" data-end="3503" />sino con la firmeza de quien sabe quién es.<br data-start="3546" data-end="3549" />Es la misma rebeldía del agua,<br data-start="3579" data-end="3582" />que no se deja atrapar,<br data-start="3605" data-end="3608" />o del viento, que cuando nadie lo ve, todo lo toca.</p><p data-start="3663" data-end="3824">Y tal vez sea eso lo que me mantiene,<br data-start="3700" data-end="3703" />lo que me hace levantarme cada día,<br data-start="3738" data-end="3741" />saber que allá, detrás de los cerros,<br data-start="3778" data-end="3781" />vive una mujer que da sentido a mi andar.</p><p data-start="3826" data-end="4078">No busco tenerla —no, qué error sería ese—.<br data-start="3869" data-end="3872" />Solo quisiera más tiempo.<br data-start="3897" data-end="3900" />Tiempo para mirarla sin que el día se me acabe,<br data-start="3947" data-end="3950" />para grabar en mis ojos su forma de mirar,<br data-start="3992" data-end="3995" />para aprender su modo de estar en el mundo,<br data-start="4038" data-end="4041" />como quien aprende un rezo largo.</p><p data-start="4080" data-end="4281">Quisiera guardar sus palabras en un cántaro,<br data-start="4124" data-end="4127" />llevarlas conmigo como quien carga brasas envueltas en hojas secas,<br data-start="4194" data-end="4197" />para que cuando llegue el invierno del alma<br data-start="4240" data-end="4243" />pueda encenderlas y recordar su voz.</p><p data-start="4283" data-end="4489">Porque hay amores que no se poseen:<br data-start="4318" data-end="4321" />solo se contemplan a la distancia,<br data-start="4355" data-end="4358" />como se mira el fuego sin meter la mano.<br data-start="4398" data-end="4401" />Y hay presencias que bastan por sí solas<br data-start="4441" data-end="4444" />para hacer que la tierra vuelva a florecer.</p><p data-start="4491" data-end="4683">Ella es así.<br data-start="4503" data-end="4506" />Una flor que no se corta,<br data-start="4531" data-end="4534" />una hoguera que no se toca,<br data-start="4561" data-end="4564" />un misterio que el cielo dejó caer sobre la sierra<br data-start="4614" data-end="4617" />para recordarnos que la belleza no se explica,<br data-start="4663" data-end="4666" />           solo se siente.</p><p data-start="4685" data-end="4826">Y si alguna vez me preguntaran qué deseo de ella,<br data-start="4734" data-end="4737" />diría:<br data-start="4743" data-end="4746" />—Nada, solo su existencia.<br data-start="4772" data-end="4775" />Porque mientras exista, el mundo estará completo.</p><p data-start="4828" data-end="5176">Y si algún día el viento la trae hasta mi puerta,<br data-start="4877" data-end="4880" />no pediré más que verla pasar,<br data-start="4910" data-end="4913" />como pasa la lluvia o el amanecer,<br data-start="4947" data-end="4950" />dejando detrás de sí<br data-start="4970" data-end="4973" />la certeza de que lo divino también tiene rostro,<br data-start="5022" data-end="5025" />y vive, todavía,<br data-start="5041" data-end="5044" />en una mujer de carne morena<br data-start="5072" data-end="5075" />que habita detrás de los montes,<br data-start="5107" data-end="5110" />allá donde el alma se aquieta<br data-start="5139" data-end="5142" />y el tiempo,<br />              al verla,<br />                        se detiene.</p>								</div>
				</div>
					</div>
				</div>
				</div>
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		<title>Nudo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo López]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Sep 2025 04:34:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hoy no quiero llorar.Pero aquí, en la garganta,se me atora tu nombre,                   hilito quebrado que no sé desatar. Los ojos se me...</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Hoy no quiero llorar.<br />Pero aquí, en la garganta,<br />se me atora tu nombre,<br />                   hilito quebrado que no sé desatar.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Los ojos se me llenan de agua:<br />              charcos de lluvia tuya<br />que me agarró desprevenido. <br />¿Pero es que, cómo les digo<br />             que ya no volverán a verte?</p>

<p class="wp-block-paragraph">Tu voz me llama<br />        cuando busco silencio.<br />Tu voz cruza el aire,<br data-start="1097" data-end="1100" />               me nombra.<br />Tu mano se siente<br />cuando el aire me toca.</p>

<p class="wp-block-paragraph">No terminaste.<br />      Te fuiste de a poco.<br />           Como el humo que se queda en el fogón<br data-start="1250" data-end="1253" />                 aunque la leña ya no arda.</p>
								</div>
				</div>
					</div>
				</div>
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		<p>El cargo <a href="https://uerani.com.mx/nudo/">Nudo</a> apareció primero en <a href="https://uerani.com.mx">Uërani</a>.</p>
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		<title>Xaratanga</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo López]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Jul 2025 03:36:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Exordio Te he visto,y siento los ojos llenos de espinas,penitencia debe ser,porque siento he pecado.Y aun así vuelvo a mirarte,vuelve la lengua a la llaga,porque hay dolores que enseñan a...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="36554" class="elementor elementor-36554" data-elementor-post-type="post">
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					<h2 class="elementor-heading-title elementor-size-default">Exordio</h2>				</div>
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<p class="wp-block-paragraph">Te he visto,<br />y siento los ojos llenos de espinas,<br />penitencia debe ser,<br />porque siento he pecado.<br />Y aun así vuelvo a mirarte,<br />vuelve la lengua a la llaga,<br />porque hay dolores que enseñan a rezar mejor.<br />Tu cuerpo…<br />tiene la forma de las tierras fértiles después de la lluvia:<br />todo en ti florece,<br />todo en ti huele a fruta abierta,<br />a leña encendida,<br />a tierra removida por el arado de mis manos.<br />Hay en tu piel el vapor tibio de la mañana,<br />ese humo lento que se levanta del suelo<br />cuando el sol empieza a creer en el día.<br />Tus cabellos caen<br />como agua por la ladera de mis pensamientos.<br />Yo los he seguido,<br />como quien baja al río<br />buscando no morir de sed.<br />Se ondulan como nubes cansadas,<br />como ramas que se mecen sin prisa,<br />como el mar cuando no quiere herir la orilla.<br />En ese vaivén mi cabeza aprende a callar.<br />De esto no quiero redención,<br />yo quiero quedarme en tu noche.<br />Beber de ti como quien bebe mezcal<br />a sabiendas que el amanecer se cierne.<br />Quedarme ahí,<br />donde el aliento es tibio<br />y el mundo deja de girar.<br />Hacer de tu sombra mi único refugio.<br />Porque tú no eres mujer,<br />eres conjuro,<br />eres monte donde el diablo reza,<br />eres cuerpo donde Dios<br />no se atreve a poner los ojos<br />por miedo a arder.</p>
								</div>
				</div>
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					<h2 class="elementor-heading-title elementor-size-default">I. Los ojos</h2>				</div>
				</div>
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									<p>Tus ojos no miran, encienden.<br />No hay noche más honda<br />que tus ojos cuando callas.<br />Y no hay río más limpio<br />que cuando ríes con ellos,<br />como si el mundo se volviera menos duro,<br />menos seco.<br />En ellos cabe el cielo entero,<br />lo grande y lo pequeño,<br />como si el universo se hubiera quedado a vivir<br />en dos lagos quietos.<br />Tus ojos no miran, encienden.<br />Son brasas vivas en la cara de la luna.<br />Y yo, como tonto, me acerco a esa lumbre<br />sabiendo que me va a quemar,<br />pero buscando el calor que sólo dan<br />los que aman sin miedo.<br />Allí he visto el relámpago<br />y la ternura.<br />He visto al animal libre<br />y a la madre que perdona.<br />He visto una niña que sueña<br />y una bruja que conjura.<br />A veces no brillan,<br />sólo reflejan.<br />Y aun así, uno entiende todo.<br />Tus ojos, morena,<br />no son dos.<br />Son todos los ojos<br />que me han devuelto la fe.</p>								</div>
				</div>
				<div class="elementor-element elementor-element-3d6a1fa cmsmasters-block-default cmsmasters-sticky-default elementor-widget elementor-widget-heading" data-id="3d6a1fa" data-element_type="widget" data-e-type="widget" data-widget_type="heading.default">
				<div class="elementor-widget-container">
					<h2 class="elementor-heading-title elementor-size-default">II. La boca</h2>				</div>
				</div>
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									<p>Tu boca es donde empiezan los milagros.<br />Tu boca no dice: invoca.<br />No pronuncia palabras: da sentencia,<br />como si lo que saliera de ella no fuera aliento,<br />sino verdad escrita con sangre.<br />De ella nace un calor manso,<br />un soplo que acomoda el alma.<br />Cuando se acerca, el miedo se sienta,<br />y el pecho aprende a descansar.<br />Cuando ríes,<br />el maíz florece,<br />y cuando callas,<br />los perros del silencio se tumban a esperarte.<br />Tu boca huele a pan recién hecho<br />y a promesa sin cumplir.<br />Tiene el color de la tuna madura<br />y la forma del pecado<br />que uno comete sabiendo que<br />es justo el castigo que ha de recibir.<br />Tus besos no son caricia: son pacto.<br />Y si los das, ya no hay Dios que me salve.</p>								</div>
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					<h2 class="elementor-heading-title elementor-size-default">III. El cuello</h2>				</div>
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									<p>Tu cuello es el camino que sube al cielo,<br />pero con niebla y sin regreso.<br />Hay un suspiro que se atora<br />cada vez que miro tu cuello.<br />Es alto como torre de iglesia,<br />pero no está hecho pa’ rezar,<br />sino pa’ perderse mirándolo<br />como quien va subiendo a ver si allá arriba<br />está la salvación.<br />Allí se posa el sudor<br />como el rocío de los pinos.<br />Allí muerde el sol cuando cae,<br />y el viento baja la voz.<br />A veces tiembla,<br />como si guardara palabras<br />que no se atreven a salir.<br />Y yo —culpable y agradecido—<br />quisiera dormir allí,<br />donde termina tu voz<br />y empieza el temblor.</p>								</div>
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					<h2 class="elementor-heading-title elementor-size-default">IV. Los hombros</h2>				</div>
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									<p>Tus hombros cargan más que tu cuerpo.<br />Ahí, en tus hombros,<br />he visto descansar el mundo.<br />Son anchos, morenos,<br />hechos para llevar el peso de las cosas<br />que otros no quisieron sostener:<br />el llanto del hijo,<br />la rabia del pueblo,<br />el silencio de la tierra.<br />También cargan la tarde,<br />el cansancio,<br />las preguntas sin respuesta.<br />Tus hombros no fueron tallados,<br />fueron labrados,<br />como se labra la milpa con coraje.<br />Y aun así,<br />cuando te desnudas,<br />son dos lunas redondas<br />que invitan al descanso y al naufragio.</p>								</div>
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					<h2 class="elementor-heading-title elementor-size-default">V. Los pechos</h2>				</div>
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									<p>Allí donde se inicia la ternura.<br />Tus pechos no son carne: son cosecha.<br />No hay quien los mire<br />sin recordar a una madre,<br />ni quien los toque<br />sin temblar como niño perdido.<br />Allí pastan los ciervos del deseo,<br />y se arrodilla la sed.<br />Son abrigo y temblor,<br />agua y fuego<br />aprendiendo a convivir.<br />No los alabo por su forma,<br />sino porque en ellos duerme la vida,<br />y se despierta la fiebre.</p>								</div>
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					<h2 class="elementor-heading-title elementor-size-default">VI. El vientre</h2>				</div>
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									<p>Tu vientre es tierra con memoria.<br />Tu vientre no es vientre,<br />es fogón que aún guarda<br />el calor de antiguas historias.<br />Allí se ha sembrado la vida<br />y también el hambre.<br />Allí se enreda la luna<br />cuando baja a dormir.<br />A veces suda,<br />y ese sudor me nombra.<br />Me recuerda que sigo vivo.<br />Tu ombligo es pozo,<br />donde me miro<br />y no me reconozco.<br />Porque cuando beso tu vientre,<br />me vuelvo otro:<br />más hombre,<br />más bestia,<br />más sombra.</p>								</div>
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					<h2 class="elementor-heading-title elementor-size-default">VII. Las manos</h2>				</div>
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									<p>Tus manos saben más que la palabra.<br />Tus manos son pájaros cansados,<br />y aun así, siguen volando.<br />Con ellas has curado heridas<br />que ni el tiempo quiso mirar.<br />Con ellas sembraste maíz,<br />bordaste el cielo,<br />y acariciaste a los muertos.<br />Cuando rozan la piel,<br />queda un hormigueo,<br />una luz breve que no se olvida.<br />Tus manos huelen a tierra,<br />a agua de río,<br />a herida que no duele más.<br />Y si me tocan,<br />aunque sea un segundo,<br />yo me convierto en fuego.</p>								</div>
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					<h2 class="elementor-heading-title elementor-size-default">VIII. Las caderas</h2>				</div>
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									<p>Tus caderas mueven el mundo.<br />No hay campana que suene<br />más hondo que el vaivén de tus caderas.<br />Cuando caminas,<br />tiemblan las piedras del camino,<br />y los perros del pueblo se callan por respeto.<br />Se mueven como olas lentas,<br />como promesa que no se apura.<br />Tus caderas son curvas<br />donde la lógica se pierde,<br />y el alma se moja.<br />Ahí se agita el deseo,<br />ahí duerme el temblor.<br />Y cuando bailas,<br />hasta los santos giran la cara<br />por no pecar de mirar.</p>								</div>
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					<h2 class="elementor-heading-title elementor-size-default">IX. Las piernas</h2>				</div>
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									<p>Tus piernas son caminos sin retorno.<br />Tus piernas son los cerros<br />que uno sube sin mapa.<br />Y aun así, vale la pena perderse.<br />Son fuertes como encino,<br />firmes como tu palabra.<br />Y cuando se cruzan,<br />no hay llave ni rezo que las obligue a abrirse.<br />Guardan el pulso del andar,<br />el ritmo antiguo del viaje.<br />Pero si te dan paso,<br />te llevan al cielo,<br />o al infierno, según el día.</p>								</div>
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					<h2 class="elementor-heading-title elementor-size-default">X. Los pies</h2>				</div>
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									<p>Tus pies han caminado siglos.<br />Tus pies no pisan: bendicen.<br />Cada huella tuya<br />queda marcada como si la tierra supiera<br />que por ahí pasó la madre,<br />la amiga,<br />la hechicera.<br />Tus talones conocen el polvo,<br />las veredas,<br />el cansancio.<br />Y aun así, bailan.<br />Bailan como quien sabe que<br />aunque el cuerpo caiga,<br />el alma sigue andando.</p>								</div>
				</div>
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					<h2 class="elementor-heading-title elementor-size-default">XI. El alma</h2>				</div>
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									<p>No sé de qué está hecha tu alma,<br />pero cuando hablas, <br />hasta el viento se sienta a escucharte.<br />Tiene algo de río viejo,<br />que sabe a dónde va aunque se enrede en mil piedras.<br />Y algo de fuego manso,<br />que no quema, pero abriga.<br />Tu alma no entra en palabras,<br />pero con las tuyas<br />has curado más dolores<br />que todos los santos del pueblo juntos.<br />Hay luz en ti,<br />de esa que no ciega,<br />sino que alumbra justo lo necesario<br />para que uno sepa por dónde seguir.<br />Y cuando te enojas,<br />el cielo truena,<br />pero solo para limpiar el aire.<br />Eres espíritu sembrado en tierra buena.<br />Eres lo que queda<br />cuando el cuerpo duerme<br />y el amor sigue de pie.<br />Yo te he visto<br />como se mira un milagro que no necesita explicación.<br />No porque seas perfecta,<br />sino porque aún en tu sombra<br />hay belleza que no se rinde.</p>								</div>
				</div>
					</div>
				</div>
				</div>
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		<title>Ya lo sé</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo López]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Jul 2025 05:12:29 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ya lo sé,     me dijiste que no te conozco.Pero yo sé que eres tú     cuando huele a putsuti         y el cerro está tierno de lluvia....</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Ya lo sé,<br />     me dijiste que no te conozco.<br />Pero yo sé que eres tú<br />     cuando huele a putsuti<br />         y el cerro está tierno de lluvia.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Te he probado en el maíz uaroti<br />recién volcado del comal,<br />en ese humo azul que sube despacio,<br />         como el recuerdo.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Pisé el uinumo fresco<br />     pensando en ti,<br />como si tus pasos también<br />         hubieran hollado ese suelo de fiesta.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Estabas en el nurite<br />         hirviendo lento<br />cuando mi abuela rezaba<br />y el mundo se hacía más pequeño<br />         y más sagrado.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Te vi en las xenguas,<br />rojas, colgando<br />     como si cada fruto<br />         fuera un secreto tuyo.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Y aunque me digas que no,<br />yo ya te tengo<br />     como se tiene la lluvia<br />     cuando empapa sin querer.</p>
<p data-start="1627" data-end="1809">Aunque te escondas,<br data-start="1646" data-end="1649" />sé que estabas ahí<br data-start="1667" data-end="1670" />cuando el primer trueno partió el cielo<br data-start="1709" data-end="1712" />y mi pecho se abrió<br data-start="1731" data-end="1734" />      como mazorca lista para ser desgranada.</p>
<p data-start="1811" data-end="1941">No, no te conozco como dices,<br data-start="1840" data-end="1843" />pero te he sentido<br data-start="1861" data-end="1864" />      en lo más hondo<br data-start="1915" data-end="1918" />de las cosas simples.</p>
<p data-start="1943" data-end="2116">Como el silencio<br data-start="1959" data-end="1962" />      que se guarda entre los surcos,<br data-start="2029" data-end="2032" />como la nostalgia<br data-start="2049" data-end="2052" />      de algo que todavía no pasa.</p>
								</div>
				</div>
					</div>
				</div>
				</div>
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		<title>Muñequita</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo López]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Jun 2025 03:31:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph">Pinche gente güera.<br />Todo lo quieren desabrido,<br />     todo lo pintan pálido<br />         como si el alma no tuviera color.</p>

<p class="wp-block-paragraph">A su Dios lo hicieron blanco,<br />igualito que a sus vírgenes,<br />que a sus muñecas de vitrina<br />             que no sienten<br />                 ni abrazan<br />                     ni lloran.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Pero tú no.<br />Tú sí eres de aquí.<br />Muñequita de hoja de milpa,<br />barro cocido en horno,<br />risa que moja la tierra.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Tu piel no pide permiso,<br />tu color no se disculpa.<br />Eres lo que ellos no entienden<br />porque jamás lo han sentido.<br /><br /></p>
<p>Eres Lupita de cartón,<br />hecha de color,<br />de risa,<br /> o de madera viva.</p>
<p></p>
<p class="wp-block-paragraph">Tu pelo es la noche,<br />no por oscuro,<br />sino por lo que guarda.<br />Porque ahí duermen los sueños.<br />Porque ahí empieza el mundo.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Por eso rezo así:</p>

<p class="wp-block-paragraph">Bendita seas tú,<br />morena de maíz y luna,<br />santa de monte y de corazón curtido.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Que nunca se te aclare la piel,<br />que nunca se te achique el alma,<br />     que sigas tan tú,<br />         tan llena de sabor,<br />              tan nuestra.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Y que si alguien te dice<br />&#8220;muñequita&#8221;,<br />sea sabiendo<br />que estás hecha de lo que dura,<br />     de lo que sabe,<br />         de lo que arde,<br />             de lo que sana.<br /><br />Amén<br />y que les arda.</p>

<p class="wp-block-paragraph"> </p>
								</div>
				</div>
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		<title>Si es mi destino</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo López]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Jun 2025 16:24:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Si mi destino&#160; &#160; &#160;es estar solo,&#160; &#160; &#160; &#160; &#160;pues que así sea. Pero entonces,&#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160; &#160;quita de míesta sed de ser querido. Porque no...</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Si mi destino<br />     es estar solo,<br />         pues que así sea.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Pero entonces,<br />             quita de mí<br />esta sed de ser querido.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Porque no duele<br />           la soledad,<br />  duele el anhelo.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Duele este querer abrigo<br />sabiendo que no hay cobija,<br />     ni sombra,<br />     ni voz que diga:<br />                         “aquí estoy”.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Si me has de dejar solo,<br />     déjame seco,<br />como tierra sin lluvia.<br />Sin esperanza,<br />       sin deseo,<br />              sin eso que en las noches<br />me hace doler el pecho.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Porque si no voy a tener,<br />entonces no quiero querer.<br />No por orgullo,<br />     sino por no vivir<br />         mendigando ternura<br />donde no hay.</p>

<p class="wp-block-paragraph">Nomás eso te pido.<br />         Quita el hambre<br />                 si no hay pan.</p>
								</div>
				</div>
					</div>
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