Si mi destino
es estar solo,
pues que así sea.
Pero entonces,
quita de mí
esta sed de ser querido.
Porque no duele
la soledad,
duele el anhelo.
Duele este querer abrigo
sabiendo que no hay cobija,
ni sombra,
ni voz que diga:
“aquí estoy”.
Si me has de dejar solo,
déjame seco,
como tierra sin lluvia.
Sin esperanza,
sin deseo,
sin eso que en las noches
me hace doler el pecho.
Porque si no voy a tener,
entonces no quiero querer.
No por orgullo,
sino por no vivir
mendigando ternura
donde no hay.
Nomás eso te pido.
Quita el hambre
si no hay pan.







