Pinche gente güera.
Todo lo quieren desabrido,
todo lo pintan pálido
como si el alma no tuviera color.
A su Dios lo hicieron blanco,
igualito que a sus vírgenes,
que a sus muñecas de vitrina
que no sienten
ni abrazan
ni lloran.
Pero tú no.
Tú sí eres de aquí.
Muñequita de hoja de milpa,
barro cocido en horno,
risa que moja la tierra.
Tu piel no pide permiso,
tu color no se disculpa.
Eres lo que ellos no entienden
porque jamás lo han sentido.
Eres Lupita de cartón,
hecha de color,
de risa,
o de madera viva.
Tu pelo es la noche,
no por oscuro,
sino por lo que guarda.
Porque ahí duermen los sueños.
Porque ahí empieza el mundo.
Por eso rezo así:
Bendita seas tú,
morena de maíz y luna,
santa de monte y de corazón curtido.
Que nunca se te aclare la piel,
que nunca se te achique el alma,
que sigas tan tú,
tan llena de sabor,
tan nuestra.
Y que si alguien te dice
“muñequita”,
sea sabiendo
que estás hecha de lo que dura,
de lo que sabe,
de lo que arde,
de lo que sana.
Amén
y que les arda.







