Hoy no quiero llorar.
Pero aquí, en la garganta,
se me atora tu nombre,
hilito quebrado que no sé desatar.
Los ojos se me llenan de agua:
charcos de lluvia tuya
que me agarró desprevenido.
¿Pero es que, cómo les digo
que ya no volverán a verte?
Tu voz me llama
cuando busco silencio.
Tu voz cruza el aire,
me nombra.
Tu mano se siente
cuando el aire me toca.
No terminaste.
Te fuiste de a poco.
Como el humo que se queda en el fogón
aunque la leña ya no arda.







