¿Y si eso somos?
Hilos.
Hilos del vientre de la tierra,
unos con sangre,
otros con barro,
otros con cielo.
Nos vamos trenzando despacio,
como quien apenas aprende
a tejer un rebozo.
Desde el ombligo empieza el telar,
y el aire mismo ayuda.
Pasa el hilo
—izquierda, derecha—,
se jala, se aprieta,
se vuelve a pasar.
Nadie ve el patrón todavía,
pero algo se va formando,
la vida no se teje sola
si no somos parte del telar.






