Los rayos del sol, en su terquedad luminosa, intentaban acariciar el día, pero su empeño era en vano, ante la divinidad de tu rostro, palidecían.Tu cabello,desordenado por el amanecer,danzaba en un caos armónico,y tu mirada... tu mirada era más que eso.Tus ojos se volvieron mi estrella del norte,pero no era un norte cualquiera, era el …

















