Tengo un plan para esta noche:
repetiré el sueño de hace algunos días.
Te hallaré allá,
en esa casa repleta de yerbas,
sol y retratos viejos.
Más allá del patio recién barrido
donde algunas tercas hojas
insisten en bailar suavemente,
estarás tú.
Ahí en la cocina,
junto al comal,
torteando la masa azul.
A tu lado una olla de café
hará alboroto con su vaporcillo que se eleva.
Entraré despacito,
silbando alguna de esas melodías que suenan
cada vez que te me acercas.
Voy a sonreír harto,
esperando que tú hagas lo mismo,
que te contagies de ese gusto
que se siente tan mío.
Te llevaré rebozo.
Fino, suave,
como tu cabello, como el cielo,
negro y añil.
No será un regalo,
te lo voy a cobrar,
¡a un beso!,
es todo lo que vas a pagar.
Ya me siento envuelto
en esa tela urdida
por manos cariñosas.
Pero encontraré más cobijo
en la sombra de tus brazos.
Y ahí, acurrucado,
me he de beber el café,
el humeante, el del barro,
y el más bello: el de tu piel.






