Los pájaros aún soñaban con el amanecer cuando te escuché llegar. Esa costumbre tuya de levantarte antes que todos, no la has perdido aún. La neblina empujaba mi ventana, y el sol no tenía prisa por aparecer. Debajo del gabán, el frío no cabía, ahí me sentía cobijado por tus manos, como rozando tus mejillas, …

















