Ya lo sé,
me dijiste que no te conozco.
Pero yo sé que eres tú
cuando huele a putsuti
y el cerro está tierno de lluvia.
Te he probado en el maíz uaroti
recién volcado del comal,
en ese humo azul que sube despacio,
como el recuerdo.
Pisé el uinumo fresco
pensando en ti,
como si tus pasos también
hubieran hollado ese suelo de fiesta.
Estabas en el nurite
hirviendo lento
cuando mi abuela rezaba
y el mundo se hacía más pequeño
y más sagrado.
Te vi en las xenguas,
rojas, colgando
como si cada fruto
fuera un secreto tuyo.
Y aunque me digas que no,
yo ya te tengo
como se tiene la lluvia
cuando empapa sin querer.
Aunque te escondas,
sé que estabas ahí
cuando el primer trueno partió el cielo
y mi pecho se abrió
como mazorca lista para ser desgranada.
No, no te conozco como dices,
pero te he sentido
en lo más hondo
de las cosas simples.
Como el silencio
que se guarda entre los surcos,
como la nostalgia
de algo que todavía no pasa.








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Martha
✨