En las horas silenciosas del amanecer, cuando estoy preparándome para continuar un día más con esta rutina, me cuesta creer que yo, a mis diez años, caminaba por aquellas veredas polvorientas de San Pedro. Cada día transcurre con la misma cadencia: me despierto con el sonido lejano del despertador, preparo mi café y alisto mis …

















