La luz del atardecer se filtra entre las rendijas de la ventana, tiñendo de oro viejo las paredes de la vieja casa de adobe. En el aire, flota todavía el aroma de la fruta fresca: mangos jugosos, guayabas dulces, el perfume inconfundible de la naranja. Y allí, en el centro de aquel escenario, está ella: …

















